Todas las hojas se van, marchitas, con el viento.
Una a una se deshoja, como algodones de azúcar.
Se marchan, rojas, altivas, como gitanas.
Con el rostro cubierto de fango.
Las hojas se van, envueltas en sílice.
Mudan de piel, como cascabeles.
Sonado, sonando, golpeando la arena.
Zigzagea su corazón, y timbra, y timbra.
Velos negros cubiertos de rubíes rojos.
Marchan al son de batalla,
para morir entre estructuras y malecones.
Bailando, danzan, se fugan, corren.
Nadie sabe a donde van. Solo huyen.
Arrastran los pies, condenadas, las hojas.
Recorren el mundo, como pendencieras.
Buscando calor, hiriendo con icebergs.
Y se van, se han marchado.
Con tambores polacos, como suicidas.
Al sonido de un adiós, claro, oscuro.
Dime tu nombre, para olvidarte pronto.
Hoja marchita.
(C) 2012 Enrique Monroy
noviembre 05, 2012
noviembre 03, 2012
no. 117*
A Patricia
El viento, cerrado, observa
las fuertes oleadas de espuma,
que bajo tus ojos se rompen,
se quiebran como dardos.
El norte se ha llevado tu cabello,
se lo ha robado, quieto, calmo,
y el azar de tus palabras,
lo han perseguido.
El sur trae tu calor,
lo ha colocado en el cielo,
en la cúspide de tus reclamos,
y los susurras, y los escribes.
Nada puede llamarte por tu nombre,
ni siquiera las estrellas, muertas,
ni la lluvia a mediodía, torrencial,
que te aguarda bajo aquel abedul.
No, ahora nadie puede llamarte,
noble romana, dueña del oro,
ni el águila, ni el pretoriano,
ni siquiera el viento que te ha llevado.
(C) 2012 Enrique Monroy
El viento, cerrado, observa
las fuertes oleadas de espuma,
que bajo tus ojos se rompen,
se quiebran como dardos.
El norte se ha llevado tu cabello,
se lo ha robado, quieto, calmo,
y el azar de tus palabras,
lo han perseguido.
El sur trae tu calor,
lo ha colocado en el cielo,
en la cúspide de tus reclamos,
y los susurras, y los escribes.
Nada puede llamarte por tu nombre,
ni siquiera las estrellas, muertas,
ni la lluvia a mediodía, torrencial,
que te aguarda bajo aquel abedul.
No, ahora nadie puede llamarte,
noble romana, dueña del oro,
ni el águila, ni el pretoriano,
ni siquiera el viento que te ha llevado.
(C) 2012 Enrique Monroy
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