noviembre 03, 2012

no. 117*

A Patricia

El viento, cerrado, observa
las fuertes oleadas de espuma,
que bajo tus ojos se rompen,
se quiebran como dardos.

El norte se ha llevado tu cabello,
se lo ha robado, quieto, calmo,
y el azar de tus palabras,
lo han perseguido.

El sur trae tu calor,
lo ha colocado en el cielo,
en la cúspide de tus reclamos,
y los susurras, y los escribes.

Nada puede llamarte por tu nombre,
ni siquiera las estrellas, muertas,
ni la lluvia a mediodía, torrencial,
que te aguarda bajo aquel abedul.

No, ahora nadie puede llamarte,
noble romana, dueña del oro,
ni el águila, ni el pretoriano,
ni siquiera el viento que te ha llevado.

(C) 2012 Enrique Monroy

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